
Mes de la Patria: la dignidad humana, fundamento de un México verdaderamente libre
La patria que queremos: derechos humanos, dignidad y libertad
Septiembre nos invita a celebrar a México, pero también a preguntarnos qué significa verdaderamente construir una patria. La Independencia no es solamente un acontecimiento histórico que recordamos con banderas, signos, fiestasy ceremonias; es una oportunidad para reconocer que una nación se fortalece cuando cada persona puede vivir con dignidad, libertad, justicia y respeto.
En México, los derechos humanos tienen un fundamento jurídico en el Artículo 1º de la Constitución, que reconoce los derechos humanos establecidos tanto en la propia Constitución como en los tratados internacionales, y obliga a todas las autoridades a promoverlos, respetarlos, protegerlos y garantizarlos. Además, prohíbe toda discriminación que atente contra la dignidad humana.
Desde la Doctrina Social de la Iglesia, esta visión encuentra una raíz antropológica: la persona posee una dignidad que no depende de su condición económica, edad, capacidades, origen o posición social. La Iglesia enseña que los derechos humanos nacen precisamente de esa dignidad inherente a cada ser humano y que deben ser universales, inviolables e inalienables.
La historia de México nos recuerda que estos principios no siempre fueron respetados. Durante la Guerra Cristera, que por cierto, estamos conmemorando los 100 años de este acontecimiento, muchos mexicanos padecieron persecución por sus convicciones religiosas. Entre ellos estuvieron hombres, mujeres, sacerdotes y jóvenes que defendieron su libertad de conciencia y de culto. Uno de los testimonios más conmovedores es el del joven José Sánchez del Río, quien murió mártir a los casi quince años. Antes de morir escribió a su madre: “Resígnate a la voluntad de Dios. Yo muero contento porque muero al lado de Nuestro Señor”. En el momento de su martirio proclamó: “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”.
Su testimonio no debe entenderse solamente como un episodio del pasado, nos recuerda que la libertad religiosa y la libertad de conciencia forman parte de la dignidad de la persona. De hecho, al hablar de los mártires mexicanos, el Vaticano ha señalado que entre los derechos que defendió Anacleto González Flores estaba precisamente la libertad religiosa, vinculada a la vida y a la dignidad humana.
Hoy, celebrar el Mes de la Patria implica renovar nuestro compromiso con México una nación que se ha distinguido por defender la vida, respetar la libertad de conciencia, rechazar toda discriminación, promover la justicia, proteger a los más vulnerables y trabajar por el bien común.
Una patria verdaderamente libre no es aquella donde cada quien hace lo que quiere, sino aquella donde la libertad de cada persona se encuentra con la responsabilidad hacia los demás. La Doctrina Social de la Iglesia propone precisamente una sociedad fundada en la dignidad humana, el bien común, la solidaridad y la subsidiariedad, principios que garantizan y dan frutos en ciudadanos auténticos.
Que este septiembre no solamente celebremos la independencia de México; celebremos también nuestra responsabilidad de construir un México donde nadie tenga que renunciar a su dignidad para poder vivir en libertad.
Porque amar a México también significa defender la dignidad de cada mexicano.
¡Viva México! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!
