
Cuaresma: el camino de la vida que se entrega
Cuidar la vida es el mejor camino para prepararnos para la Pascua
La Cuaresma es mucho más que un tiempo de abstinencia. Se trata de un entrenamiento para el Amor Mayor. Este 2026, la Iglesia nos invita a reflexionar sobre la paz y la dignidad humana en un mundo sediento de esperanza. Para quienes formamos parte de la Pastoral de la Vida, este tiempo litúrgico cobra un sentido especial al mirar dos realidades: el final de la vida y el testimonio de los mártires.
1. La vida: un don para ser entregado, no arrebatado
En el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026, se nos recuerda que "Cristo venció a la muerte y derribó el muro de la separación". Esta victoria no fue una evasión del dolor, sino una entrega total.
En nuestra ciudad de Guadalajara, tierra de mártires, sabemos bien que la vida no se posee, se custodia. La cultura actual a menudo nos empuja a la "autonomía absoluta", sugiriendo que somos dueños de nuestro inicio y nuestro final. Sin embargo, la Cuaresma nos sitúa ante el polvo que somos (Memento homo), recordándonos que nuestra dignidad no nace de nuestra utilidad, sino de ser hijos de Dios.
2. El final de la vida: el último testimonio

El Magisterio de la Iglesia, especialmente en la encíclica Evangelium Vitae, es tajante: el sufrimiento no quita la dignidad. Al acercarnos al final de la vida natural, no estamos ante un "fracaso médico", sino ante el momento sagrado del encuentro.
Acompañar es martirio: La palabra mártir significa testigo. Quien cuida a un enfermo terminal, quien sostiene la mano de un anciano en soledad, está siendo un "mártir del amor cotidiano". Está dando testimonio de que esa vida, aunque frágil, sigue siendo imagen de Dios.
Intención 2026: Este año, el Papa nos pide especialmente rezar por el respeto a la vida en todas sus etapas y por la salud mental. La Cuaresma es el tiempo propicio para convertir nuestra indiferencia en cercanía con aquellos que sienten que su vida ya no tiene valor.
3. Los mártires: semillas de una nueva cultura
A los 100 años, seguimos mirando a los mártires al hablar de la vida. Ellos son los que mejor entendieron el Evangelio: "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15, 13).
El mártir no busca la muerte; ama tanto la vida, la Vida con mayúscula, que se niega a traicionar la Verdad para conservar su existencia biológica. En la Pastoral de la Vida, los mártires nos enseñan que defender la vida humana es un acto de fidelidad a Cristo.
¿Cómo vivir esta Cuaresma para llevar Vida a los demás?
Oración: Por los discapacitados y los enfermos terminales en nuestros hospitales, para que no caigan en la tentación de la eutanasia y encuentren consuelo.
Ayuno: Contra la "cultura del descarte". Ofrecer nuestro ayuno y unirlo a una abstinencia de críticas hacia los más débiles y a visitas a nuestros abuelos y personas enfermas, débiles o vulnerables.
Limosna: No solo de dinero, también de tiempo. Dar vida es compartir lo que tenemos y dar tiempo a quien ya siente que se le acaba.
"La vida es siempre un bien... El hombre está llamado a una plenitud de vida que va mucho más allá de las dimensiones de su existencia terrena" (San Juan Pablo II, Evangelium Vitae).
Que esta Cuaresma, bajo el amparo de Nuestra Señora de Zapopan y el ejemplo de nuestros mártires jaliscienses, aprendamos que cuidar la vida es el mejor camino para prepararnos para la Pascua y unirnos a la Vida Eterna.
